AUDIOTEC | 30/04/2012
El diseño y las actuaciones realizadas en la estancia conservan la singularidad de la construcción de la prestigiosa bodega, dotando al espacio de una una acústica especial cuando se complete de barricas.
La singularidad del nuevo edificio de Belondrade es una de las características más llamativas de esta prestigiosa bodega, inaugurada en el año 2000 dentro del término municipal de La Seca (Valladolid); una ampliación dirigida por los arquitectos vallisoletanos Eduardo Carazo y Víctor Ruiz (Odimasp), que sigue la línea de la construcción original, obra del francés Vicent Dufos du Rau. La parcela El Celar es el enclave escogido para esta nueva construcción de 665 metros cuadrados, ejecutada por Collosa y situada a pocos metros del antiguo edificio, cuyas estancias albergan la sala de barricas, el laboratorio, el espacio destinado a material agrícola y una sala de catas suspendida en el aire con unas espléndidas vistas a los parajes naturales de la localidad de La Seca.
Es precisamente en la sala de barricas donde Audiotec, empresa líder en ingeniería acústica, ha realizado un acondicionamiento que conserva y afianza las características que hacen de la bodega un espacio único y especial dentro de su tipología. Los trabajos se centran en la colaboración del diseño y montaje de un techo de lamas de madera que respeta la geometría de la edificación, ya que mantienen la perpendicularidad con respecto al muro de hormigón, hecho que implica la integración de lamas trapezoidales en la zona curva de la sala. El techo se mantiene paralelo a la cubierta del edificio en todo momento para conservar la geometría de la estancia. Por supuesto, las lamas de madera instaladas por Audiotec están libres de cualquier elemento que pueda perjudicar el vino. Las lamas, que están montadas sobre perfilería metálica, son MDF Hidrófugo con acabados en melamina gris Leza y con una junta abierta entre cada una de ellas de 20 mm.

Encuentro entre música y vino
El acondicionamiento de la sala de barricas se ajusta perfectamente a la filosofía de Belondrade, que encuentra un particular paralelismo entre los conceptos culturales de música y vino: «para nosotros, los elementos con los que contamos para elaborar el vino son como las notas de una partitura de cada músico interpreta de una forma diferente».



