EL MUNDO | 22/02/2010
Cuando paseaba respirando el olor a relente de la ribera del río Sequillo, probablemente no estaría ni en proyecto aquello de asentarse en plena tierra de pinares y comandar un gran grupo empresarial en medio de un bosque en las proximidades de Boecillo. Tampoco que, después de nacer en territorio agarrado fuertemente a la historia -la vaccea localidad vallisoletana de Tordehumos- y de crecer en la considerada Villa Máxima fundada por los colonos romanos -Villabrágima-, iba a convertirse en uno de los pilares de la innovación de Castilla y León.
- Dirige el Grupo Audiotec para el que hoy trabajan 200 personas
- Ana Espinel dejó el campo para integrarse en el ‘negocio’ del ruido
- Ha fundado uno de los primeros laboratorios de pruebas homologado
- Compite con el Gobierno vasco bajo una reconocida marca: Audiotec
- Detectó un nicho de mercado en el negocio del sonido
Se acuerda del castizo trabajo de dar vida al campo al que le dedicaba las horas su padre, o de aquellos meses de sol y juventud en la preciada calle la Silera. Sin embargo, el conquistar los caminos sobre dos ruedas cada tarde se cortó de raíz: Ana Esther Espinel tuvo que marcharse a la capital, donde comenzó un largo periplo de formación que no terminó con el fin de los estudios oficiales.
Tras pasar toda una licenciatura entre libros y apuntes dispuestos a aplicarse a una fructífera carrera en lo económico, dio una vuelta de tuerca a esos conocimientos al realizar un minucioso repaso al tejido empresarial de la Comunidad y apreciar un nicho de negocio precisamente en el campo laboral al que se dedicaba su marido: el del sonido.
Primer centro tecnológico de acústica

La directora del Grupo Audiotec abrió la veda y fundó una de las primeras empresas dedicadas al control del ruido y a las insonorizaciones de locales, entre otras labores. Corría 1987 cuando ella, su marido y un socio plantaron la semilla de una Audiotec para la que hoy trabajan casi 200 personas.
Ese vacío nicho de mercado regional fue dando grandes oportunidades a la recién creada empresa, que poco a poco olvidó locales céntricos y naves de polígono para instalarse en uno de los grandes focos de la I+D+i: el Parque Tecnológico de Boecillo.
La lucha constante, el trabajo diario y la ilusión continua llevaron a esta familia a disponer del primer Centro Tecnológico de Acústica de la Comunidad, o lo que es lo mismo, los primeros laboratorios relacionados con el sector sonoro acreditados por la Entidad Nacional de Acreditación Española (ENAC).

